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Instituto Schiller

Boletines de prensa

"¡A matar el gato del vecino!"


por Lyndon H. LaRouche, Jr.
15 de septiembre de 2001

La siguiente declaración fue emitida por Lyndon H. LaRouche.


Francamente CNN, la telecadena de lavado cerebral 24 horas al día, ya se pasó. El bombardeo terrorista y la masacre han llevado a CNN y a muchos otros a la condición mental del individuo que, habiendo encontrado al volver a casa que le han robado todo, agarra una escopeta y elimina al gato del vecino. Es más, si su esposa le hubiera dicho, "Beto, es tan sólo el gato del vecino", este sujeto enloquecido la hubiera amenazado: "No te entrometas, o tendré que matarte también".

Los Estados Unidos se han visto sorprendidos por un ataque asesino en gran escala, de fuerzas criminales desplegadas desde los propios Estados Unidos. Puesto que ninguna potencia extranjera tiene la capacidad para hacernos lo que hicieron el martes pasado, el único autor principal de lo que acaba de ocurrir tiene que ser algún elemento renegado en nuestras propias instituciones militares y de seguridad. Este elemento criminal es el ladrón que aún sigue suelto en los Estados Unidos, preparando su siguiente ataque, que seguramente se propone lanzar pronto.

Debemos defender a la nación de ese elemento renegado; todo lo que hagamos por echarle la culpa a fuerzas extranjeras que no tenían la capacidad de organizar un ataque como el del martes, simplemente hace más vulnerable a nuestra nación ante el renegado interno que ha hecho esto, y que acecha listo para hacer otras cosas.

Lunáticos cobardes como la organización CNN prefieren matar el gato "por venganza" en vez de movilizarse para defender a la nación del enemigo interno. Es así como CNN expresa la cobardía abyecta que en vocabulario militar se llama "fuga hacia adelante": el hombre acobardado en su trinchera, con los calzones llenos de miedo, se lanza contra el fuego de la ametralladora, "para acabar de una vez".

Es hora de cerciorarse de que los asesores del presidente Bush no sean el tipo de cobardes abyectos que prefieren eliminar a la gente inerme, inocente, morena, de distantes lares del mundo, que hacer frente a la horrible realidad de que el asesino nos amenaza desde adentro, donde aguarda sigiloso la oportunidad de atacar de nuevo. ¿Tanto temen a este enemigo, que prefieren fingir que no existe, desquitándose más bien con el chico de al lado, con su pistola de palo? ¿De veras se consideran cuerdos en este momento?

Que los generales de verdad, en la tradición de Douglas MacArthur, se encarguen de asesorar al presidente. Que los estrategas neófitos, tipo naranja mecánica, regresen a su caja de juguetes, y dejen que los profesionales serios elaboren una estrategia victoriosa y un programa de defensa nacional.

El riesgo de vengarse.

En la historia de los tiempos, las guerras y operaciones afines realizadas con propósito de "venganza" o "represalia" han sido siempre las acciones más estúpidas que haya emprendido gobierno o pueblo alguno. Los efectos ulteriores de tales acciones, especialmente cuando se realizan so capa de guerra religiosa, una y otra vez han destruido justamente a las naciones que las emprenden.

Dejemos de una vez esta estupidez. Consideremos las consecuencias de emplear armas nucleares, de la magnitud que fuere, contra las naciones que acaba de proponer el veterano asesino de masas Henry Kissinger, "el destripador de Londres" de la diplomacia moderna. Según fuentes confiables que lo vieron en la televisión alemana, esta semana Kissinger sostuvo una rueda de prensa en el aeropuerto de Francfort, y enumeró a Afganistán, Irak, Siria y Libia (y posiblemente otros países) entre las naciones blanco de ataque. ¡Piénselo por un momento! Pregúntese: ¿Cuál sería el efecto de atacar a una o varias de estas naciones, con o sin bombas nucleares en pequeña escala? Examínelo en dos pasos sucesivos: primero, la aplicación de fuerza destructiva de masas contra las naciones de la lista negra de Kissinger, con o sin bombardeo nuclear; segundo, el efecto muy aparte de incluir el uso de armas nucleares.

El mundo entero anhela ansiosamente que los Estados Unidos no pasen a perpetrarle una terrible y perpetua "represalia" a las naciones arbitrariamente seleccionadas como víctimas de la lista sanguinaria que tiene en mente CNN. El resto del mundo asentirá tácitamente a tales atrocidades cometidas por los Estados Unidos, tan sólo porque temen hacer otra cosa que comedidamente sugerir templanza. Supongamos que los Estados Unidos obren como Kissinger propone. Supongamos que logren infligir una terrible destrucción a las poblaciones morenas de aquellas naciones pobres. Cuando ello haya ocurrido, ¿qué vendrá después?

Entretanto, el actual sistema monetario y financiero del mundo se desintegrará como resultado de la orientación actual de los Estados Unidos y otras naciones influyentes. El problema que surge es que algunos idiotas ilusos en los Estados Unidos se aferran a la alucinación histérica de que pueden salvar el sistema imponiendo medidas dictatoriales. Nada más creerlo no va a convertir la Luna en delicioso queso verde. ¿Qué otra cosa se te ocurre, hombrecillo?

Veamos la segunda posibilidad: recurrir al bombardeo con armas nucleares, como parte de esta acción. Aquí podría decirse: "¡Nunca mencionar sicología en el pabellón de los chiflados!" Desde Hiroshima y Nagasaki en 1945, y especialmente desde cuando el presunto pacifista y demente bombardero atómico Bertrand Russell publicó su llamado a un ataque nuclear "preventivo" contra la Unión Soviética en septiembre de 1946, siguiendo hasta la crisis de los cohetes en 1962, el mundo ha sido presa de un creciente terror por el mero uso del término "nuclear". El pavor por este vocablo ha formado y deformado la política y la ideología del mundo entero desde entonces. Algunos podrían estar tan locos, quizás, como para promover que se le retire a todos los átomos ese núcleo siniestro. Hasta la última fibra de la política, y gran parte de la ideología popular, han estado empapadas del impulso por reprimir los efectos de la fisión y la fusión nucleares, cuandoquiera y por doquier.

Es de esperarse que gente incapaz de examinar sus propios procesos mentales, como la cuadrilla de CNN, tenderá a desconocer ciertas cosas que merodean en la botella en que residen esos procesos. El uso de armas nucleares de cualquier tipo, en son de guerra, en estos momentos, especialmente para asestar golpes demoledores a naciones enteras, soltará de la botella el genio latente. Ay de aquél que el mundo culpe por haber liberado ese genio.

El problema es que hay demasiado pocas personas en este planeta, y especialmente en mi propio país, que cuenten tanto con los conocimientos como el coraje para decir la verdad sobre estos asuntos. Es por eso que yo me he constituido en líder de entre las personalidades destacadas de mi nación, y no así otros que fingen, o aun fueron electos para ser líderes.

En cuanto a la actual crisis monetaria y financiera de mundo, que define el contexto de lo que sucedió el martes, ya les he advertido. Muchos, inclusive los principales candidatos a las elecciones presidenciales del 2000, han rechazado mis advertencias. Se equivocaron; están terriblemente equivocados. Ahora ya llegó el "coco" del que les hablaba. Yo sé cómo sacarnos a salvo de esta crisis monetaria y financiera. No sé quiénes son los renegados traidores causantes de lo sucedido el martes, pero sé que podemos derrotarlos si recobramos a tiempo nuestro sano juicio. Dejemos de estar buscando venganza contra aquellos a quienes no se ha demostrado culpabilidad por ningún crimen. Hagan frente a lo que no han tenido el valor de enfrentar hasta ahora. Entonces podremos todos juntos ir sacando a la nación de esta horrible pesadilla. Yo sólo propongo; dispongan ustedes de lo que yo propongo, ustedes verán. Podrán rechazar mis advertencias, pero no escaparán a las consecuencias de su propia necedad. Para comenzar, ¡apaguen CNN!

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